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Antonio Maíz de Castro
(1906-1990)
Antonio Maíz de Castro nace en Cabra (Córdoba) en 1906 en el seno de una familia muy humilde. Desde muy pequeño se harán notar sus grandes dotes artísticas mediante la creación de figuras de barro, que vende para contribuir a la exigua economía familiar.
A los 13 años de edad y tras el interés suscitado en el catedrático Juan Carandell recibe una beca que le traslada a Madrid, supuestamente para iniciar sus estudios de arte, sin embargo su ansia de libertad y su desmedida necesidad realmente a esculpir le hacen huir de lo que él llama "encierro en un asilo". |

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De vuelta a Córdoba decide instalarse en la capital y lo hace, primero en la calle, lo que le vale el apelativo de "escultor callejero", para seguidamente, pasar al taller de Julio Romero de Torres, quien, afectivamente, le llama "el genio chico", sin duda por su estatura y no por su valía artística.
Durante unos meses asiste a las clases de la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba y al año siguiente se traslada de nuevo a Madrid, esta vez al estudio del famoso escultor Juan Cristóbal.
Sin lugar a dudas, los ocho años que pasa como discípulo primero y como colaborador después, de Juan Cristóbal, serán los de mayor actividad formativa, artística y social de nuestro creador. Allí trabaja incansablemente elaborando obras que, la mayoría de las veces, son firmadas por su maestro, lo que le impide obtener la gloria que merece.
Fue por entonces asiduo de tertulias artísticas y literarias, inmerso en un mundo de bohemia, rodeado de personajes como Marañón, López de Ayala, Pío Baroja, Ortega y Gasset, Unamuno, Belmonte, etc, que aprecian el buen quehacer del autor andaluz y que harán crecer en él su fervor por la libertad y el respeto humano.
La guerra civil le trae hasta Loja, buscando trabajo y esculpe lápidas o ejerce de jornalero (con todo el dolor de su alma que se sabe dotada para menesteres más creativos) para alimentar a la familia que ya posee.
Desde entonces y viviendo siempre en los límites de la humildad, trabaja infatigablemente en la escultura y rubrica gran cantidad de obras en mármol, barro, bronce y madera; alternando su trabajo con la docencia artística, tan esporádicamente como las circunstancias históricas y culturales lo han permitido. Así, allá por los años 50, lo hace una escuela de arte que funda junto a otros artistas locales en los bajos del Liceo en la Victoria y posteriormente en la Escuela de Artesanía Lojeña que auspicia la Asociación de Padres de Familia.
Su formación artística, que es fundamentalmente clásica, le convierte en un admirador de Miguel Ángel, inclinándose principalmente hacia es estudio y el desarrollo de la figura humana, con especial predilección por las fisonomías de marcados caracteres romanos y griegos. También recibe el legado de nuestros clásicos imagineros que plasma en los muchos pasos que recorren nuestra semana grande andaluza. Por último, se advierte el influjo del tiempo pasado junto a Romero de Torres, del que traslada a sus obras la profundidad, sensualidad y cadencias de los rasgos sureños.
De su gran obra artística que se reparte por toda España, hay que fijar cuatro puntos o enclaves básicos en los que habrá de desarrollarse con mayor fecundidad:
- Madrid, donde realiza varias obras de amigos y contertulios, grandes figuras de la época, además de a políticos y sus familiares.
- Cabra/Lucena, acogen entre otras las del escritor Juan Valera; Pepita Jiménez; la del fundador del Instituto de Cabra, Luis de Aguilar y Eslava; la del poeta Pedro Iglesias, la de Varahona de Soto y varias tallas para pasos de Semana Santa.
- Córdoba, que cuenta con las de Julio Romero de Torres, Ramón y Cajal, Fernando Peña Pastor, además de la restauración de las figuras de piedra del Mueso Romero de Torres.
- Loja, ciudad en la que tal vez haya ejecutado una mayor cantidad de piezas y en la que, paradójicamente, sus calles y plazas permaneces huérfanas de alguna obra salida de las insignes manos de su hijo adoptivo. Entre ellas pueden citarse un Cristo crucificado del convento de Santa Clara, un Corazón de María, un Padre Claret y una Virgen en mármol blanco para el Seminario Claretiano Aliatar, un magnífico Cristo tallado en madera, el busto de un Embajador y el de Rafael Pérez del Álamo, obra ésta encargada por el Ayuntamiento de Loja.
Sobre la década de los 60 talló la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza, la cual fue donada a la Hermandad del Huerto por sus descendientes en el año 2001.
En Agosto de 1989 es nombrado "Hijo adoptivo de la ciudad de Loja", por el Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad, concediéndole el escudo de oro de la misma, dentro de un homenaje que incluyó una exposición de su obra y una fiesta multitudinaria en su honor.
Falleció en Loja el día 25 de marzo de 1990, a los 83 años de edad..
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